Una vida sin explorar no merece ser vivida
La negación de la muerte
Ernest Becker en su libro de la negación de la muerte afirma que el humano es el único ser vivo consciente de su propia muerte, el único que tiene la capacidad de imaginar un mundo sin él presente, y que esta realización tiene el potencial de volverlo neurótico si no la resuelve.
La única manera de resolver esta potencial neurosis es mediante el engaño, mediante la creación de mitos e historias que le repitan constantemente al humano que la muerte no es el final de su existencia, y que es posible trascenderla y vivir para siempre. Esto es una enorme mentira, pero es una mentira esencial y poderosa que ha llevado a nuestra especie a lugares que de otra forma jamás habríamos imaginado. A lo largo de la historia el ser humanos a creado tres formas de "negar la muerte". La religión, el amor y el arte.
La primera vende al humano una narrativa de vida que, si es seguida al pie de la letra, se le recompensara con vida eterna, solucionando así el problema de la muerte, la segunda le propone idealizara un tercero, a una pareja amorosa o a algún familiar, como un hijo, de una forma casi divina y adjudicar el sentid de su existencia a él como una manera de trascender y justificar su propia vida, mientras que la tercera, el arte, seduce al humano con la idea de que su trabajo, su pación o vocación, puede dejar una huella después de su muerte, que lo haga ser recordado.
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